sábado, 23 de mayo de 2015

Un día cualquiera


Sería el año 1985 cuando un grupo de montañeros navarros, imbuidos del romanticismo y el espíritu hippie de la época, decidieron hacer realidad su sueño de cruzar la formidable cordillera pirenaica; de mar a mar, trazando el camino que ellos consideraron como el más bonito y en autonomía total; las mochilas, enormes, del tamaño de sus sueños, y las ganas, todas. De aquella experiencia, que debió ser formidable, surgió otro sueño; el de trasladar esta extraordinaria aventura al resto del colectivo montañero de la época. Solo faltaba un promotor entusiasta, y esta persona fue Txumarra, presidente de la sección de montaña del Club Anaitasuna de Iruña/Pamplona y desde entonces alma mater de este gran proyecto. El sueño se hizo realidad en 1987, cuando arranco la 1ª edición de la travesía del Pirineo del Anaitasuna, que cada año desde entonces, y ya son 28 veranos, recorre el Pirineo de mar a mar. Sirvan estas líneas como homenaje a aquellos que dieron vida a este proyecto...
 
 
Un día cualquiera en la trave del Pirineo
La noche apenas acaba de terminar cuando los mas madrugadores empiezan a agitar nuestro hasta entonces silencioso campamento. El olor a café recién hecho invita a salir al resto de participantes de sus tiendas de campaña, mientras sortean a aquellos que por puro placer han dormido al raso. Comienza un nuevo día de travesía...Tras un desayuno potente, repartimos las bolsas de comida para pasar la jornada y nos despedimos del equipo de logística hasta la noche; ellos se encargarán de desmontar el campamento, hacer las compras, conducir hasta el destino siguiente y preparar todo para que los montañeros puedan descansar y reponer fuerzas para el día siguiente; el suyo, si que es un trabajo duro!
 
Partimos en silencio y a ritmo tranquilo, remontando la estrecha senda, que a través de un espeso bosque asciende en mil revueltas. Solo el canto de los pájaros nos saluda a nuestro paso, y sin duda componen la mas preciosa de las sinfonías. El rumor del arroyo va creciendo, y nos saca de nuestros pensamientos; el primer paso complicado del día se acerca, que no es otro que cruzar el río, que baja crecido tras un deshielo tardío. Tras superarlo, primera pausa. Es la hora de la crema de sol y un picoteo mañanero.
A partir de este momento, la senda discurre por terreno abierto, con la brillante silueta nevada del Pic de Certascan acompañando nuestro esfuerzo. Paso a paso, alcanzamos sudorosos el collado de Sallente, puerta de entrada a la Vall Ferrera. Atrás queda la Vall de Cardós, con el macizo y rotundo Mont Roig mirándonos a la cara, y recordándonos la eterna lluvia que nos acompañó durante el paso por sus dominios dos días atrás. Hoy el día, es soleado y luminoso, y ya nadie se acuerda de los momentos difíciles que pasamos aquel día...
 
 
Proseguimos la marcha a través del rosario de estanys de Baborte, para remontar el siguiente collado; desde aquí, una ardúa ascensión nos lleva a la cima del Pic de Baborte, una singular pirámide rocosa, alta y con una de las mejores perspectivas de la Pica d´Estats, cima de Catalunya. Ya con la tarea hecha, descendemos a los estanys de Sotllo a disfrutar de un merecido descanso; los mas valientes, se desnudan y meten sus polvorientos cuerpos en las gélidas aguas del lago entre aullidos de dolor ¿o es placer?), y el resto, aliña el taper de ensalada entre carcajadas, viendo el padecimiento de sus compañeros.
Volvemos a ponernos las botas para continuar nuestro camino. El calor de la tarde nos acompaña hasta el cercano campamento, entre aguas cantarinas que amenizan la marcha. Allí están nuestros compañeros, con todo preparado para pasar la noche. Antes de ir al río, hace una cerveza bien fría?
 
 


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